El principio más fundamental de las finanzas cabe en una frase: solo se puede esperar una rentabilidad mayor aceptando un riesgo mayor. Comprender esta pareja es comprender el 80 % de la inversión.
¿Qué es el riesgo, en concreto?
El riesgo no es solo «perder dinero». En finanzas se mide a menudo por la volatilidad: la amplitud de las variaciones de precio. Un activo cuyo precio oscila con fuerza es arriesgado, aunque suba a largo plazo, porque puede caer bruscamente en el peor momento.
La rentabilidad se paga en incertidumbre
La liquidez (una cuenta de ahorro) rinde poco pero no se mueve. La renta variable ha rendido históricamente más a largo plazo (en torno al 7 % real anual para un índice amplio), pero puede perder entre el 30 % y el 50 % en un desplome. Los bonos quedan entre ambos y ofrecen un compromiso.
El riesgo que se olvida
No asumir riesgo también es un riesgo: mantenerlo todo en liquidez supone perder poder adquisitivo frente a la inflación, lenta pero inexorablemente.
Una ilustración
En un año, una acción puede rendir +40 % o −30 %. En 20 años, la probabilidad de pérdida de un índice de renta variable diversificado resulta históricamente muy baja. El tiempo transforma el riesgo de corto plazo en rentabilidad de largo plazo.
À retenir
- ✓Rentabilidad esperada y riesgo van juntos: desconfíe de toda promesa de «alta rentabilidad sin riesgo».
- ✓La volatilidad mide la amplitud de las oscilaciones, no la calidad de la empresa.
- ✓Su horizonte temporal es su mejor aliado para domar el riesgo.